Mi enfoque

Mi enfoque está moldeado por la convicción de que siempre hay coherencia en lo que ocurre dentro de nosotros. Las reacciones que tenemos, incluso las más difíciles, están señalando algo: una necesidad oculta, una parte de nosotros que pide atención, una herida que aún no ha tenido espacio para ser sentida. Escuchar esas señales, en lugar de pasar por encima de ellas, es por donde empieza este proceso.

Los sentimientos como la rabia, la tristeza o el miedo pueden llegarnos de dos formas muy distintas. A veces son señales limpias del presente, que piden nuestra atención, o que realicemos una acción impulsadas por ellas. Otras veces son ecos de algo más antiguo, una ola que emerge al presente porque algo ha removido lo que aún no se ha sanado del todo. Ambas son reales. Pero saber cuál es cuál lo cambia todo: la primera suele pedir movimiento; la segunda, presencia.

Detrás de cada reacción difícil que tenemos, cada patrón de tensión, evitación o autocrítica que se ha endurecido hasta volverse familiar, hay una parte nuestra que ha estado haciendo lo mejor que ha podido para mantener algo a salvo, a veces durante muchos años. Cuando bajamos el ritmo y escuchamos, con el cuidado y la suavidad que este tipo de atención requiere, esas partes a menudo se ablandan, no porque las forcemos, sino porque, quizá por primera vez, se sienten acogidas. Las sesiones son el espacio y la compañía en los que puede ocurrir esa escucha.

Dos partes en tensión

Una dinámica interna habitual: el miedo escénico

El miedo escénico rara vez procede de un único lugar. A menudo surge de la interacción entre, al menos, dos movimientos internos que aparecen bajo presión.

Uno de ellos es una parte asustada. Se manifiesta en el cuerpo mediante aceleración del pulso, temblores, respiración superficial o pérdida de estabilidad y presencia. Estas reacciones suelen aparecer de forma automática, sin elección, y pueden sentirse desproporcionadas con respecto a la situación actual.

Junto a ella, suele haber otra parte, la que no soporta el miedo. Esta parte trabaja sin descanso para evitar que vuelva a aparecer. Se prepara a fondo, vigila cada detalle y busca estrategias, rituales o explicaciones. Quiere que todo vaya bien y sabe que podrías hacerlo bien, si no estuviera la parte asustada.

La mayoría de los enfoques para el miedo escénico intentan ayudar desde esta segunda posición, reforzando el control, añadiendo técnicas o gestionando síntomas. La intención es buena, pero a menudo refuerza la lucha interna, con una parte intentando imponerse sobre otra.

Con este trabajo tomamos otro camino. En lugar de pedirle a la parte asustada que se calme, ayudamos a que la parte controladora dé un paso atrás. Esto abre espacio para una cualidad distinta de atención, una que puede encontrarse con el miedo desde la curiosidad, en lugar de la urgencia.

Cuando esto ocurre, algo cambia de raíz. La parte asustada ya no necesita intensificarse para ser escuchada, y la parte que quiere que todo vaya bien puede apoyar sin presión. Lo que emerge es un sistema que coopera, con menos conflicto interno y más energía disponible para expresarte con claridad y solidez.

Tres escalas del trabajo

No son peldaños que subir en orden; crecen unas junto a otras, y cada una abre más espacio para las demás.

Sanación interior: mirar hacia dentro

Trabajo de sanación interior

Trabajo de sanación con las partes de ti que han venido cargando un peso: los patrones de tensión, miedo, autocrítica y perfeccionismo que se activan al ensayar, actuar o crear, y cuyas raíces a menudo se remontan mucho más atrás que el propio trabajo artístico. Nos volvemos hacia esas partes con cuidado, aprendemos a comprender qué han estado protegiendo y creamos las condiciones para que aquello que cargan pueda transformarse.

Vida liderada por el Self: práctica y escenario

Vida cotidiana liderada por el Self

Llevar más energía del Self a tu vida cotidiana como artista: al ensayo, a los minutos antes de salir al escenario, a las largas horas a solas de estudio y creación, a la relación con tu instrumento o tu medio. Aquí el Self aparece como soltura, apertura y una flexibilidad que ha soltado la rigidez: estar presente con cómo estáis tú y los demás ese día, con cómo se siente tu cuerpo, amable tanto con tus deseos como con tus límites. Es, además, el estado más fértil para aprender, a solas y en compañía; cuando el estudio se vuelve una práctica de liderazgo desde el Self, tu arte se convierte en vehículo de regulación, descubrimiento, conexión y disfrute.

Campo relacional: personas y entorno

Relaciones y entorno

A medida que entra más liderazgo desde el Self en nuestra vida diaria, nuestras relaciones y nuestro entorno empiezan a cambiar con nosotros. Comenzamos a tomar decisiones que sirven de verdad a nuestro bienestar, y las personas que mantenemos cerca, los espacios que creamos, los ritmos que acordamos, empiezan a sostener el camino en lugar de obstaculizarlo. El liderazgo desde el Self no es solo un regalo que nos hacemos a nosotros mismos; lleva presencia, comprensión, juego y creatividad a quienes nos rodean, y lo que ofrecemos suele encontrar el modo de volver. Se va tejiendo un círculo que se refuerza a sí mismo, un entramado de apoyo que ayudamos a tejer, sosteniendo a otros y siendo sostenidos a la vez.

Una nota de esperanza

El trabajo creativo guarda una belleza inmensa y, sin embargo, a menudo lo lastran creencias que causan sufrimiento real. Cuando todas las personas a nuestro alrededor, mentores, colegas, amistades, luchan con las mismas ansiedades, el mismo agotamiento o el mismo perfeccionismo, ese sufrimiento puede parecer inevitable. Incluso necesario.

No creo que lo sea. Crear desde la confianza, la presencia y la seguridad no solo es posible, es parte de nuestro derecho de nacimiento. Y el mundo necesita que ese disfrute y esa creatividad tomen forma en el arte que hacemos.